jueves, 19 de febrero de 2015

El Silencio, 42. Diálogo entre la noche y el poeta insomne.



42

DIÁLOGO ENTRE LA NOCHE Y EL POETA INSOMNE


     (Ha partido una estrella. Ven y mira, con esos ojos tuyos desembrozados, en esta noche mía tan ligera. Brisa corre, y acaricia. Besos del aire, que claman al cielo con un llanto alegre de esperanza. Ven: ven y mira.)


El Poeta: –      Esta noche es completamente falsa.

La Noche: –     Y lo sabes porque, encendido,
                      desde tu propia mentira juzgas.

El Poeta: –      Ciertamente yo no soy el silencio.

La Noche: –     No,
                      no lo eres,
                      pero lo reflejas. Así eres su esencia.
                     Si acaso hubiera en este mundo ojos como lagos tendidos al cielo
                      entonces tu reino
      sería el reino de la más profunda pena.

El Poeta: –      Dime tú cómo quitarme de encima este dolor.

La Noche: –     No hay manera.

El Poeta: –      Lo sé,
                      y no lo sé todavía.
                      Sé que hay otros mundos
                      pero nunca llegan.
                      El Amor, la Mujer, el Triunfo
                      son lejanas historias que ya he vivido.
                      Mi pasado es la vida.

La Noche: –     Vida eres tú, y en ti, y a través tuyo es la vida.
                       Estás condenado a sufrir
                       pues sufrimiento
                       es el precio que has de pagar por tu felicidad eterna.

El Poeta: –      ¿Hay algo eterno en mí?

La Noche: –     Tu ambición.

El Poeta: –      Pero calla. No la digas.
                      No desciendas al lenguaje

                      lo que proviene del absoluto o la excelencia.






jueves, 8 de enero de 2015

El Silencio, 41. Diálogo entre la actriz y el director de escena.



41

DIÁLOGO ENTRE LA ACTRIZ Y EL DIRECTOR DE ESCENA


            (Siglos perdidos en el polvoriento almacén de una ciencia y una cultura ya vacías, cansancio en el metal, en las grietas, en la misma piedra. Cansados ojos cruzando las calles atestadas de gente superflua. Un mundo que agoniza, sin saberlo pero sabiéndolo, triste Occidente, cenizas del Imperio Romano, del que ya no queda nada, ni siquiera las ruinas de aquellas almas que otrora se ofrecieran en el altar de las gestas heroicas. Un solo Dios, y bizco, vino a robarnos la felicidad, y hoy ya sólo quedan templos, circos, parlamentos, interminables palacios de congresos, mercados que se extienden replegándose contra el horizonte cegado. Quien cree saber qué es la verdad, ése, menos que nadie lo sabe. Así ha sido siempre. Y así siempre será.
Pero… ¿qué es la verdad?)


La Actriz: –       Tanto mentir me hastía.
                        Si tan sólo de entre este alud de mentiras,
                        como a menudo del cielo atormentado,
                        hubiera de atravesar, desde el espacio,
                        un solo haz de luz profunda…

El Director: –     No tientes al destino.
                        Tu arte es la ficción errabunda.
                        Y todo arte es espacio, y luz.
                        Un solo instante de esta verdad
                        purifica.

La Actriz: –       No todo en el tiempo es limpio.
                        Caen horas como lluvia, y sin embargo
                        ninguno acude a recogerlas con sus manos.

El Director: –     Tu voz debiera ser la mía.
                        Tu aliento, suntuoso y húmedo,
                        debería siempre preceder a las mis palabras.
                        Tu cuerpo es un vehículo, pero tú
                        que vives la mentira
                        tienes sueños de auténtica pureza.
                        No quieras saber por qué,
                        nada hay más incierto,
                        vulgar e impropio
       que las razones, cuando justifican.
                        Los hombres sabios no dudan.
                        Las mujeres prudentes no preguntan.

La Actriz: –       Veo asomar la luna. ¿Es ella
                        el símbolo de alguna cosa que tenga aquí su referencia?

El Director: –    Ella es tu esencia.

La Actriz: –       ¿Lo es? La veo,
                        y no la veo.
                        Más la siento, más me nace que me asoma,
                        más bien crece en mi interior como una inmensa rueda blanca.
                        Al contrario que el santo, santificado diamante
       la verdad no reluce al tallarse:
       cuanto más se trabaja
       más se ensucia.
       Y yo tengo por norma la pulcritud de mi falacia.

El Director: –     ¿No lo ves?
                        Tu arte es una ficción que vaga.
       Tu voz es una melodía que infunde.

       Tu mentira es sólo un instante en esta sombra.





miércoles, 30 de julio de 2014

El Silencio, 40. Diálogo entre el poeta y la prostituta.



40

DIÁLOGO ENTRE EL POETA Y LA PROSTITUTA


(Nadie tiene el poder de hacer música con las palabras. Nadie, sino el poeta, y quizás alguna vez las prostitutas. Porque la música no es un juego lento que avanza en la explanada. No es un sinuoso down tempo elevado a la categoría de dios, al almacén de los muertos, al recuerdo mórbido de la fundación de una nación por sincretismo. Yo era joven aún, pero había librado tantas batallas como César, como Julio César, como el único hombre frente al que me siento digno de haber existido. Y aún existo... )


El Poeta: –       Quiero cuerpo, quiero carne sobre carne, 
                       pero tengo miedo, mujer.

La Prostituta: – Yo sé que temes, pero es a ti mismo. Tu miedo
                       es solamente el regreso de tu niño íntimo.

El Poeta: –       ¿Regreso, dices? ¿Retorno? ¿Vuelta atrás, como un reloj
                       descompuesto?

La Prostituta: – Hablas demasiado, todos los poetas sois iguales.
                       Habláis cuando debéis callar.
                       Y calláis cuando se espera de vosotros que levantéis palabras.

El Poeta: –       Y ahora, ¿qué hacer?

La Prostituta: – El suicidio es siempre una opción plausible.

El Poeta: –       Eso es lo que quiero. Quiero la muerte.
                       Quiero detener el tiempo.
                       Quiero sangre recorriendo mi lenta biografía.
                       Quiero sacrificarme por todas las virtudes del mundo.

La Prostituta: – ¿Virtudes? Me tocas. Pero tus caricias
                       son otra forma del silencio.
                       Ríe, por fin, y ven a mí, que soy accesible al rumor del siglo.

El Poeta: –       Me entrego. Quédate con mi razón
                       y con mi dinero.
                       Mi reino ya no es de este mundo.

La Prostituta: – Nunca lo ha sido. El único reino
                       que impera en este mundo es el mío.
                       Y el mundo es una rueda que no cesa.





viernes, 18 de julio de 2014

El Silencio. Cuarta Parte.




EL SILENCIO




Giorgio de Chiricho, El diálogo misterioso.




Cuarta Parte

Diálogos

hacia una filosofía del silencio





ÉL

No es el cansancio lo que a mí me impele
al silencio. La tarde es bella, y dura.

ELLA

Se ve en la noche el ruiseñor. No escucho.
El viento estos cabellos desordena. Mas no los míos.
Y la luna es fría.


VICENTE ALEIXANDRE,
 Diálogos del conocimiento






39

DIÁLOGO AÚN EN EL MUNDO DE LOS SUEÑOS


(No era música todavía, y sin embargo el espíritu, adormecido, irradiaba. Fina inteligencia antes de despertar, el Poeta, incapaz de decirse la verdad a sí mismo, se situó frente al espejo. Son siempre tristes los sueños en que decide el alma, a través de otra alma, romper su silencio.)


El Poeta:–      Camino entre despojos de recuerdos.
                     Es noche cerrada, y vierto lágrimas,
                     y lo más extraño de este callado llanto
                     es que, ahora, no recuerdo por qué lloraba…

La Sombra:–   ¿Vienes a mi mundo y traes contigo solamente tu tristeza?
                      Regresa a tu realidad, aquí hay ya demasiadas sombras…
                      ¿Sabes, al menos, por qué lloras?

El Poeta:–        Porque no encuentro belleza en la sabiduría.

La Sombra:–    Ciertamente, qué terrible es el conocimiento
                       que ningún beneficio le reporta al sabio.

El Poeta:–        Nada hay tan insoportable como la certeza.

La Sombra:–    ¿Y qué es propiamente lo que tú sabes?

El Poeta:–        Que he perdido algo que me fue precioso:
                       lo he perdido, o se me ha roto.
                       En cualquier caso, ya no sirve.
                       En cualquier caso, ya no es mío.

La Sombra:–    ¿Y pretendes recuperarlo?

El Poeta:–        Quiero recuperarme.

La Sombra:–     Habla, entonces.
      ¡Despierta!






 

jueves, 22 de mayo de 2014

El Silencio, 38. Interludio.



EL SILENCIO



Wassily Kandinsky, Negro y violeta.





INTERLUDIO



38


    El silencio, sin duda, tiene su encanto, también como entidad poética.
Pero filosóficamente hablando el silencio es problemático,
no sólo en la medida en que es símbolo de la muerte,
sino, sobre todo, en cuanto que la palabra, el uso apropiado de la palabra,
es constitutivo del más alto grado de humanidad:
y por lo tanto, el silencio puede resultar inhumano.

    Enmudecer, sea cual sea la causa,
abre un acontecimiento pleno de melancolía.
Callar
cuando se puede hablar,
es quizá cansancio, y tal vez violencia.
Pero callar cuando se tiene la pura, auténtica intuición
de lo que precisa ser dicho
acaso constituya el crimen primigenio contra la humanidad.
Quién sabe: acaso todo crimen ha sido gestado en el silencio,
incluso cuando después del horror
haya desembocado en gritos
— si de uno, de muchos o de enardecidas multitudes…
esto es aquí lo mismo.
Quizá cuando se pierde la palabra
(o cuando se multiplican las palabras vacías,
los discursos vacíos,
cualquier forma de palabrería,
viciosa, cruel y chabacana),
quizá es entonces cuando surge la nada en su apoteosis tenebrosa
y el animal hombre se asusta, se encoge y se enfada.
Quizá cuando llega el silencio, como el invierno llega,
es cuando el hombre se olvida de que es hombre
y sólo mata. Quizá el crimen,
la voluntad de destrucción,
la maldad…
no sean sino anhelos del hombre clamando
por recuperar su humanidad perdida.
En todo caso son gritos,
desgarrados gritos en la oscuridad
que únicamente podrán ser consolados por las palabras,
las suaves, las dulces, las ligeras palabras
cuando son palabras de verdad y traen consigo el milagro de la significación
y la purificación del sentido.

    Misterioso es el lenguaje, como extraño soy yo mismo.
Yo, que cuando callo,
me engaño, me niego y me olvido
de la verdad que es mía y, aunque tal vez impracticable para otro,
tiene palabra y llega a la palabra e invita a la palabra
que sí tiene el poder de hacer, de esa mi verdad,
un camino practicable para otro
—si para uno, para muchos o para enardecidas multitudes…
eso es aquí indistinto.
Pero no es la verdad cosa de muchos.
Ni aun su íntima esencialidad puede ser captada
siquiera por unos pocos.
Pulchrum est paucorum hominum.
La limpieza es también una vía que conduce a la soledad.
En la vida son muchas las vías que conducen a la soledad:
está, por ejemplo, el silencio,
pero también la mentira,
o el miedo,
o la ausencia de filosofía.
Lo típico de la muchedumbre, de la masa
es precisamente la irritante soledad que levanta en torno al individuo,
y a la postre, «individuo», no es más que otra palabra,
pues el concepto de individuo, en cuanto que sujeto, singular, autónomo,
representa una realidad más bien escasa,
no efectiva,
no real.
Corren malos tiempos para la inteligencia.
El arte, el pensamiento, la voluntad, la poesía,
digamos la cultura,
hállanse en más grave peligro de descomposición,
no porque estén muy lejos, sino porque están cada vez más cerca.
Demasiado cerca.
Y los grandes problemas que ellos representan
exigen ser de nuevo formulados,
de ahí su aparente agotamiento,
de ahí la ausencia de valores que llega en forma de epidemia.
Es preciso replantear las grandes cuestiones.
Es preciso recuperar el sentido de la palabra.
Hay que retomar el diálogo del Espíritu.
Hay que superar el silencio enfrentándose a la nada.




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