miércoles, 9 de noviembre de 2011

Historia de la lejanía, 15.



La transfiguración


Ya no me duele tanto cemento descarriado.
Ya no me hieren los ladrillos, ni las antenas, ni los vacíos discursos de arquitectos muertos.
La noche cae sobre Madrid, y de repente lo que antes fue símbolo
ahora cobra nombre,
ya no es más todas las ciudades,
es solamente mi Madrid,
mi patria carnaval con forma de sainete,
el lugar donde nací y donde renazco a veces,
cuando la noche cae y el viento gime y los árboles se mecen.
Los espíritus que antes venían a arañar mi carne, ahora lamen de mis manos.
Ya se acerca de nuevo esa canción cuya música no oigo todavía
– aunque puedo sentirla…
Es un fragmento de fatalidad girando hacia su propio cuerpo,
es un instante de maravilloso azar
bailando al ritmo de lo que retrocede interno,
un albur de naipes arrojados al tablero cósmico
como niños corriendo en la pradera verde del mundo redimido de sí mismo.
Es la inocencia, que se había perdido.
Es el mar, bañando con su paz esta ciudad sin océano,
secando las heridas viejas de un pasado que ya no tiene sentido,
de un tiempo que fue, y quizá no fue
pero que siempre será raíz y mármol de destino.

No son lágrimas lo que refleja la ciudad, sino rocío.
La sincera caída de gotas de noche sobre los tejados,
la liviana llegada del agua limpia a la metrópoli,
la sagrada pureza del poeta que deja surgir lo que vive externo.
Mil hombres, un camino.
Y todas las mujeres arrojan pétalos de rosa
como raros círculos que son anillos que son promesas
cayendo en torno a los hombres que sólo aclaman y reciben,
multitudes de hombres a solas con las manos giradas hacia el cielo
recogiendo la luz de las estrellas
como locos brillos que son diamantes que son poemas.

Fuego demente, luz de cristal, color del alma…
Hoy siempre amo regresar a mi ciudad.
Vine, estaba viniendo, venía
pero mi corazón quedaba todavía muy atrás.
Sólo era el lugar de las mentiras, de las palabras
anhelando más palabras en libertad.
¡Ahora he regresado!

Dios mío…
desde que vine
hasta este momento extático,
¿dónde demonios he estado?





1 comentario:

De Martínez y Blessa dijo...

Esto ya empieza a ser bueno bueno...puliendo algunas cosas...

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