viernes, 2 de diciembre de 2011

Historia de la lejanía, 19.


En resumen


Quizá sea llegada la hora de sacar conclusiones,
a modo de interludio,
como si entre nosotros, los que deseamos,
hubiera alguna posibilidad de concluir algo.

Quizá el deseo nunca se consuma
y la vida, balbuciendo con torpeza su entusiasmo,
simplemente se transforme,
oscile del amor a la indiferencia,
permitiendo el paso de generaciones enteras cuya única virtud
acaso consista en su ignorancia.
Lo prudente es dudar:
poner en tela de juicio cuanto nos viene dado,
sospechar alegremente de todo,
y dejarse llevar por el instinto
que es la fuente de la que el todo mana.
Ni siquiera el tiempo tiene raíces psicológicas.
Tampoco la lluvia, que en sí misma es metafísica,
y por su propia esencia tiende una y otra vez hacia la melancolía.
Las palabras son algo más que sonidos que se pierden,
el deseo es un profundo, un sinuoso 
camino intransitable
por el que regresar hacia un lugar donde los pájaros no habitan,
donde la nada, ungida de promesas,
devora con sonrisas las primeras lágrimas blancas.


Son flores del mediodía, y sombras que concluyen
para recomenzar a partir de sí mismas.
Lo prudente es llorar:
perseguir con la mirada un rastro de agua viva,
un solo y pequeño ardid para hacer del pretérito un resumen,
un hasta aquí,
un hasta nunca.

Todo es política, también el suicidio,
y la pérdida, y sobre todo el olvido,
ese signo inequívoco que ronda la fiera astuta,
la bestia mestiza
que nació del cruce de un dios y de un demonio
y que a ninguno de ellos se asemeja.
Esta fiera es el hombre, en conclusión:
el ser por el que la historia dormita.

Y yo soy el ave que desde la distancia canta.





4 comentarios:

Alejandra Menassa dijo...

"llorar:
perseguir con la mirada un rastro de agua viva" Bellísima metáfora.
Muy hermoso estética y éticamente.

David dijo...

Hola, Alejandra, qué bueno saber de ti. Gracias por el comentario, me ilusiona saber que me lees.
Te mando un beso enorme.

Aurora dijo...

Hola David, si ya había tenido el gusto de visitarte, gracias otra vez, por tenerme presente.


Muy sentida tu poesia.

Un beso.

att.


Azulaurora

David Martínez Romero dijo...

Un beso, Aurora.

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