viernes, 13 de enero de 2012

Historia de la lejanía, 22.



Cosmogonía urbana


Cómo vas a encontrar el cosmos en la ciudad.
De qué elementos o unidades esenciales
vas a nutrir así tu sueño.
No hay en el ladrillo forma íntima,
el viento por sí solo no tiende levemente ningún muro,
como tampoco los árboles son libres
para caminar hacia un cielo que nunca se cubre de azul por entero.


La ciudad es una mentira de los hombres en su soledad.
Cada edificio es un monumento erguido al deseo
que incontenible se subleva ante las voces dormidas,
voces sin palabras que murmullan como mares agotados,
mares o universos sin fondo que rugen como espacios en la sombra.
Y entre tanta música escondida, brilla a veces el amor
superando con su frenesí el radical abismo entre los cuerpos
que por sí solos nunca son torcidos hacia el viento.
Sólo el deseo imprime movimiento.
Únicamente la luz erótica tiene sentido en este infierno de cemento.
El amor, fruta prohibida,
juega cada día a esconderse en una calle distinta y más extraña,
siempre la misma historia de huida, y fuego, y lágrima,
siempre la misma historia del hombre en fuga,
siempre la imposición del tiempo y de la lejanía.






1 comentario:

Alejandra Menassa dijo...

"Únicamente la luz erótica tiene sentido en este infierno de cemento." Me quedo con ese verso, la luz del deseo. Por cierto, tienes que poner este blog en directorios de blogs, muévelo un poco, que la gente lo vea, que conozcan tu escritura.

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