martes, 28 de febrero de 2012

Historia de la lejanía, 25.



Hacia sus labios


Todo mi ser se inclina siempre hacia sus labios,
hacia su boca húmeda, cuando entreabierta,
deja morar dentro de sí el luminoso objeto de mi ansia.
Lo que en mi interior aspira a salir al mundo
tiende hacia sus labios,
quiere renacer en ella y desdibujarse luego,
quiere surgir del calor mojado
como un arco sin tensar dispara flores que no cesan.

Lento amor, cuán despacio
ganas tantas distancias
y tan estrechas.
Cuán silenciosamente integras en tus designios
todas las razones que antes mantuviste secretas.

El universo prohibido de placeres alternos
grita desde el abismo que me arroje,
que me deje llevar por la indolencia,
que sumido en la hipnosis absurda del infinito deseo
sea por fin uno con sus labios y con la tierra.

Yo, soy el amor.
Ella es la nada que justifica mi existencia.




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