sábado, 5 de mayo de 2012

Historia de la lejanía, 29.




Noticia de un olvido



Tenía la dulzura del genio, pero no eran solamente sus caprichos,
sino su dureza, la diamantina infranqueabilidad de sus secretos,
el incorregible candor que imitaba cada reflejo,
cada nube, cada lento mármol de rostro aquejado por la bruma.
Soñaba, y no sentía dolor al mirar bajo los ríos,
al dormir sobre las duras sábanas de arena,
desde muy pronto comprendió que los peces habrían de venir a comer de sus manos, que las ovejas llegarían de muy lejos por verlo, por adorarlo, por arrancar de sus ojos las palabras que nadie antes habría dicho, sino en silencio, en silencio o en la muerte, que es también otra forma del invierno,
porque su signo era un signo de frío, y de nieve
y de piedra dura como estatua en grieta.
Su nombre era ninguno.
Su final, la gran laguna negra.

Tenía la mirada triste, y caminaba entre flores que vibraban.
Dormía, y no tenía miedo de romper los cristales con sus dedos,
no lloraba como niño, sino como delfín, como rey, como soledad lloraba como la negrura,
porque sus pies se deslizaban entre cadáveres, entre crucifijos,
más allá de los enigmas de sus padres,
muy lejos ya de la mujer con labios de cera que se acurrucaba en el armario.
No hacía nada, sino morir, y esperar, y muy rara vez
nacía al mundo como un suspiro, y desaparecía
y se hacía otoño, y flor, y hoja amarilla,
y caía hacia un mundo ideal donde todos se saben asesinos,
donde niñas de marfil rescatan grandes pájaros antes de que huyan.
Nunca tuvo paz; nunca la pidió, en definitiva.
Era demasiado estúpido como para nadar,
y se ahogó,
se empantanó en su propia fantasía,
se convirtió en un caimán.
Rodó tierra adentro hacia el fuego, hacia el barro, hacia la risa.
Se perdió para siempre en un instante.
Se hundió hacia dentro.
Y después se olvidó de todo.

Llovió, apenas un momento, y con el agua
olvidaron también los que le amaban.
Muchas luces se apagaron.
Pequeñas nubes cruzaron muy deprisa.
El recuerdo voló cual beso de polen,
y de aquel hombre no quedó absolutamente nada.





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