miércoles, 30 de mayo de 2012

Historia de la lejanía, 31.



De nuevo el río, entre nosotros


Largo lagarto tendido a la mudanza,
inútil estratagema urdida entre fuerzas que se ignoran,
destino, arrojo, nacimiento extinto,
la luz y el viento reunidos de nuevo, una vez más, entre los muertos.
Pasión de sal que mira siempre hacia el pasado,
sordo pecado, caído en tierra fértil para lo nebuloso eterno,
para cuanto siembra remordimiento y duda,
mentira tácita que desalojan los vientos
cuando deshonrando este idioma sin cadencia
vienen aquí a morir los súbditos del ocre tecnicismo.
Belleza, pero sin nombre.
Amor, pero sin patria.
En las lentas horas de la mañana,
soledad,
muchacha sonriente y núbil,
virgen de mirada esquiva y manos de hierba.
Río, y hembra,
extraña fusión de almas que nunca volverán a vagar juntas.
Piel, esperando piel,
llanto que recobra la esperanza del cobre, del acero, del látigo,
brazo que se eleva y cubre,
cuerpo que somete y ansía. 




2 comentarios:

Fina Tizón dijo...

...mentira tácita que desalojan los vientos...ocre tecnicismo...
Me han gustado estos versos, aunque todo el poema en sí, dice tantas cosas.
Enhorabuena

FINA

David Martínez Romero dijo...

Gracias, Fina, me alegra que sigas compartiendo tus comentarios, y aún más saber que digo muchas cosas en mis pequeño poema.
¡Un beso!
David

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