jueves, 7 de junio de 2012

Historia de la lejanía, 32.




El cazador de sueños



Allá en lo alto, agazapado, aguarda el animal después de su regreso.
Henchido de deseo, de hambre y de amenazas,
el hombre cazador ruega por la presa entre los mirtos.
Untado de ceniza, marcado por la sangre nueva que corrió alterna,
inyectados los ojos en el viento,
sus manos arrancan un rumor finísimo de la tierra.
Y rugen sus fosas, gimen, susurran infamias,
hablan popularmente como un cable electrificado habla
derritiendo pesares de enanos cabizbajos que todo lo estropean.
Es el cazador, él es la bestia, el gran malvado
del que huyen los pájaros, del que se alejan las nubes,
del que todos los hombres falsos reniegan.
Su presencia es como un criterio de verdad:
romo, fiero, ingrávido,
no le teme a la muerte ni a la espada.
Se esconde en las alturas, mas no por miedo, sino por higiene.
Él es el ladrón de todas las esperanzadas injustificadas. 





3 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Hola, David, acabo de leer tu 2º cap. Aunque pueda ser una opinión prematura voy a lanzarme, no sin antes puntualizar que retoques alguna errata gramatical(no es mi intención molestar, a mi me gustaría me lo dijesen)

Ese juego de intriga y comedia hace entretenida tu historia y, poco a poco, vas consiguiendo que tus personajes tomen vida propia, en cuanto a los escenarios creo que necesitarían una mayor dosis descriptiva, pero bueno, es mi opinión,tal vez equivocada. Seguire tus sucesivos capítulos. en cuanto a tu comentario, pues que sepas que tengo dos entradas más en el blog, aunque es tan fácil como entrar en él. Me gustaría conocer tu opinión
Un Saludo
FINA

Fina Tizón dijo...

Por cierto, también leí tu última poesía.Veo que compones poemas fuertes, de esos que arañan un poco la piel.
FINA

David Martínez Romero dijo...

Hola, Fina, cómo estás.

En primer lugar, gracias por seguir leyendo la novela, y por favor, no dudes en indicarme las erratas y errores que descubre, muchas veces se me escapan y otras simplemente me equivoco. No me molesta en absoluto.

Respecto a que la historia te resulte entretenida, nada me alegra más, pues eso es lo que busco. Debo reconocer que a mí me aburren las descripciones: incluso en Flaubert o en Chandler, que son unos auténticos maestros, me aburren, por eso las rehuyo, excepto cuando el personaje o la escena lo exigen sin remedio.

En cuanto lea tus nuevas entradas te comento mis impresiones.

Gracias, y un beso.

David

ShareThis