jueves, 5 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 36.



La distancia eterna



Es el espacio, indómito, el que abriendo canales de tiempo
me impide llegar a mi destino de soledad,
y abrumado por el ruido y la torpeza
de almas que se quiebran a mi paso como juncos
me inhibo y respiro sólo este aire mío de adentro,
la sola luz mía en el interior.
Es también la música, insensata, la que nutriendo de vibraciones la distancia
conecta espíritus de suyo apartados e inconexos,
como cable de agua tendido al viento,
como flecha de ansia arrojada a un mundo que no cede.

Solamente pensar, apenas entrever
más allá del amor salvaje y del sudor impío,
las inmensas posibilidades de la piel sin miedo,
basta para encerrarse de por vida en cualquier torre
y dejarse llevar por el odio acérrimo a lo posible incumplido.
Pero siempre habrá una mujer que con su sola sonrisa
borrará de un golpe mi amargura y mi intelecto,
y por ello doy gracias, 
tiemblo, sueño, caigo
al mundo del que huyo siempre 
y al que siempre vuelvo.



3 comentarios:

Ariadna dijo...

hola, soy webmaster de algunos blogs, Me gustaría enlazar el tuyo en mis blogs y por mi parte te pediría un enlace hacia el mío tambien y de esta forma ambos nos ayudamos a difundir nuestras páginas.

Si estás interesado, escríbeme a ariadna143@gmail.com

saludos

Fina Tizón dijo...

.......aunque la letra es algo pequeña imprimida.....tendré que agudizar mi vista.

David Martínez Romero dijo...

Hola, Ariadna, ya te he mandado un mensaje.

Un saludo,

David

ShareThis