jueves, 19 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 38.



Esperando el final



El frío es un tránsito, una oportunidad,
una puerta tendida entre dos mundos que se quiebran,
una mentira piadosa arrojada al complejo cesarismo
de todo hombre que se precia y, nacido del orgullo, 
reclama para sí no derechos
sino privilegios.
Así el invierno, infeliz grano de muerte,
podrá finalmente germinar y brotar y reproducir la historia,
regresar sin gloria a la pérdida inefable de sentido,
convocar la inusitada escala de frecuencias que barren el diafragma.
Hablarán entonces de la primavera,
los cansados, los que huyen, los que compran en las rebajas,
todos aquellos que alguna vez perdieron las llaves de su casa,
los bajitos, los esquivos, los que tienen ya escamas en vez de ojos,
todos ellos
hablarán de la primavera como el que se juega la vida,
y se tenderán sobre su puerta flotante en el mar de las desdichas
y navegarán
y se conducirán, irremisiblemente, hacia el final.
Los hombres tienen las manos torcidas, de esto no hay duda.
Es noche profunda, e invierno, 
y el frío, como tiempo, transita.





2 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Es tu poema un transitar por las estaciones de la vida, inapelable recorrido, donde han de existir inviernos para que florezcan primaveras, estación de locuras, de escaleras de bajada y subida, de luces y sombras.
Saludos muy cordiales, David

FINA

David Martínez Romero dijo...

Qué hermoso comentario. Gracias, Fina.

Un beso,

David

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