jueves, 26 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 39.



Simbiosis



Como solamente un músico sabe aniquilarse a sí mismo,
así la noche inapropiada se consume sin luna y sin estrellas,
sólo negrura de un manto que cobra vida en la distancia
y negando la singularidad del tiempo sobrevuela y se hace añicos.
Triste canción de hombre que, en su lenta espera,
busca la definición total entre silencios,
el complejo soñar a solas que es la independencia
como máscara veneciana oculta entre las olas que pasan,
incesante negar de realidades paralelas,
de verdades ostensibles y afiladas,
de posturas que débilmente se tornan luz de estatua.

El amor es imposible cuando nadie ama.
Me niego a ser esclavo del aplauso de un mundo que no espera.
Exijo libertad en esta cárcel de leyes, de edificios, de palabras.
Reconozco que me he perdido,
busco a tientas una mano amiga…
y una mano encuentro finalmente, sí,
pero es también la mía.






2 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Hola, David

No he podido evitar la tentación de comentarte que con este título tengo yo un soneto que compuse hará unos tres años y que fue publicado en el nº 63 de la revista Alga; revista que edita semestralmente nuestro grupo de poesía.
Si tienes curiosidad, desde mi blog puedes entrar, y una vez dentro buscas el nº de esa revista y la poesía en concreto. De hecho tengo intención, a no muy largo plazo, de hacer una entrada en mi blog con este soneto.

Un saludo muy cordial, David

FINA

David Martínez Romero dijo...


Hola, Fina,
Claro que tengo curiosidad, lo buscaré para poder leerlo.
Un beso,
David

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