martes, 11 de septiembre de 2012

Historia de la lejanía, 41.



Diré la tristeza más pequeña



Vendré al mundo para despertar a los astros más extraños,
terribles muros de falsedad interpuestos a veces
en la olvidada tierra que linda con el árbol venidero.
Y de sus raíces inexactas, hendidas hacia el fondo como llanto,
extraeré elixires de verdad únicamente válida para los sentidos,
posible sólo para el cuerpo,
inefable multitud de ausencias que caminan sin rumbo
hacia un arco de luz que se descompone en tu mirada.
Y tú serás mi testigo.
Y yo seré tu sombra, tu cáliz, tu bienaventuranza,
yo abriré con mis propias manos un camino
por donde huir juntos al lugar donde nadie justifica.
Te diré cosas horribles al oído:
hablaré de amor, de paz, de dulces sueños,
y tú llorarás eternamente en mi desgracia porque tú eres lo que alguna vez yo he sido.
Diré, entre todas, la tristeza más pequeña,
aquel pesar que suena a río y sin embargo asciende
hacia todas las cumbres que aún no han sido desgarradas.





5 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Hoy tu poema me inspiró un cierto desencanto hacia nuestro mundo, como si su imperfección "no deseada" nos inundase inexorablemente y, al mismo tiempo, percibí en tus versos como una especie de cambio del ser humano, más sublime, intentando aliviar el dolor de nuestro hábitat. Es decir, una especie de intercambio de funciones.
Complicado. Tus poemas en sí, lo son, y hay que buscarles interpretaciones.

Un afectuoso saludo, David

FINA

David Martínez Romero dijo...

Hola, Fina, gracias por tu comentario. Sabes que me gusta pensar, porque así lo creo, que una vez escrito, el poema pertenece al lector, al lector efectivo que lo lee y lo siente. Por tanto tu lectura es para mí tan válida como la mía propia. Hay sin embargo en tu comentario una palabra que me ha despertado el deseo de comentar yo mismo el poema: "complicado". Voy a tratar de mostrar cómo a través de mi poesía trato, precisamente, de simplificar el discurso, no de complicarlo.

Desde el momento de la inspiración, como poeta busco expresar sentimientos, emociones e ideas que se me aparecen con la palabra "justa", es decir, de alguna forma la inspiración es ya en sí misma el hallazgo de las palabras que se corresponden exactamente con lo que pretendo decir. El lenguaje ordinario, de uso común, se envilece con facilidad (con la misma facilidad con la que se enriquece), y sirve más bien al uso inmediato, y arbitrario, antes que al deseo de expresión precisa y rigurosa. Precisión y rigor son, a mi juicio, las exigencias del lenguaje poético, en un sentido aún más esencial que el lenguaje científico-técnico. De hecho, el único lenguaje que se le asemeja es el filosófico, y aún cabe pensar que poesía y filosofía tienen una misma raíz, o nacen de una misma fuente, y difícilmente se puede comprender la una sin la otra.

Quizá mostrando, a continuación, cómo aplico esta lógica a la lectura, esté también mostrando bajo qué lógica se compone mi discurso poético. Ante todo, me tomo el tiempo de leer el poema al menos tres veces. En la primera, leo dejándome llevar por las palabras como si escuchase música, permitiendo que me inunde el sentimiento con el mayor grado de pureza. Entonces vuelvo a leer buscando las conexiones que me descubren las palabras del poema, guiado por el sentimiento que me ha embargado al leerlo.

David Martínez Romero dijo...

La tristeza más pequeña parece hablar de algo diminuto, apenas perceptible, en todo caso difícil de asir, que sin embargo se va a desvelar a lo largo del poema como una tristeza muy intensa, incluso abrumadora. El poeta habla en tiempo futuro, dice lo que hará y dirá, hace una declaración de intenciones. Comienza diciendo que vendrá al mundo, lo que por lo pronto nos indica que se siente fuera de él, y añade que vendrá con un objetivo, despertar a los astros más extraños, estrellas diferentes de las demás estrellas que además duermen, y han de ser despertadas para mostrar lo que en verdad son: no pequeñeces en la lejanía cósmica, sino muros, muros construidos con mentiras que separan la tierra que linda con el árbol venidero. El poeta dice que estos muros están "interpuestos a veces". ¿Cómo es esto posible? Porque, en rigor, están ahí siempre, sólo que para saberlo hay que poder ver esa separación entre una tierra olvidada, que es el presente, y el futuro. Algo se interpone entre el hoy y el mañana: la mentira. Y mentiras, hay tantas como estrellas, pero no son estrellas, aunque pudieran serlo mientras permanezcan dormidas.

Este ejercicio que acabo de hacer, insisto, como lector, de los tres primeros versos, puede extenderse a todo el poema, abriendo un discurso de corte interpretativo que va desgranando y ampliando el significado. Las palabras del poema llaman a más palabras que vas descubriendo el sentido. Pero este sentido está ya en el poema, que ha simplificado, comprimido todas las conexiones y relaciones entre las ideas, los sentimientos y las emociones que viven en el caos y son traídas a un orden expresivo.

Así es como se debe leer un texto poético que hunde claramente sus raíces en la imagen libre y la metáfora pura, que es siempre símbolo, y por tanto esencia. Puede parecer complicado, pero el ejercicio es el opuesto: simplificar, traer a la palabra, iluminar. Se trata de la tristeza más pequeña porque es difícil de comunicar, quizá imposible, pero el poeta quiere hacerlo y lo hace advirtiendo: por muy pequeña que parezca esta tristeza, es capaz de ascender con la fuerza de un río que discurre hacia arriba, y llegar a lo más alto, llegar a todas partes, y adonde llega, desgarra.

Fina Tizón dijo...

Agradezco, David, esta explicación tan analítica con respecto a tu poema de la cual extraigo puntos importantes, pero ya que la motivación que te llevó a estas aclaraciones es el término que apliqué a tu poema: COMPLICADO, te comentaré que no me refería a ese tipo de complejidad a la que aludes o, creo, aludes.
En si mismo un poema lo considero complicado o difícil (si el concepto es erróneo me lo haces saber)cuando por estructura, dicción elevada, lenguaje figurativo embellecido mediante metáforas, imágenes, comparaciones.., puede dar lugar a varias interpretaciones por parte de quien lo lee; es el hermoso juego de intentar descubrir que pretendió explicarnos el autor. Llegado este punto empiezo a considerarlo así, y tus poemas, suelen prestarse a varias interpretaciones, de hecho, para mí, son esos los poemas que, aún necesitando leerlos varias veces, mayor interés me ofrecen. La poesía debe ser exigente y original, sencilla o complicada, pero de una forma u otra, una alianza de palabras que nos hagan bailar y sumergirnos en su mundo. Para quienes escribimos poesía, sabemos bien que no tiene cabida lo superfluo. Simplificar es importante. Tu , por supuesto, simplificas, eso no lo he puesto en duda ni un momento, y acaricias las metáforas y las imágenes, que es la esencia poética, como bien dices.
En definitiva, David, creo que nos hemos malinterpretado.

Gracias por estas aclaraciones y un afectuosísimo saludo, escritor.

FINA

David Martínez Romero dijo...

Hola de nuevo, FIna, gracias por tu comentario, yo creo que más que habernos malinterpretado, hemos compartido formas de interpretar la poesía. Quizá tengas razón y las nuestras estás más próximas de lo que parecía.

Otro afectuoso saludo para ti.

David

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