lunes, 1 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 44.



Impresión de futuro



Pronto habrá de reinar una nueva dinastía en el espíritu de los hombres.
Pronto, muy pronto, mi verdad,
que es a la vez canto y silencio, reinará,
como un circuito sobrecargado que nunca gime,
como una luz circular que todo lo abarca,
y entre figuras erróneas dejadas del viento,
pasará,
abrirá nuevos espacios,
alzará templos insondables.

Veo
- pues también soy un visionario -
una mujer.
De alguna forma, esa mujer habrá de darme un hijo.
Y mi hijo será mi heredero, mi heraldo y mi sí mismo.
Porque todas las verdades de este mundo cruzan más allá de la carne,
igual que las mentiras descienden de los padres a los hijos.
El mundo en el que yo he nacido está podrido
- eso lo saben ya todos, incluso los ilusos.
La ciencia, el arte, la filosofía, la religión…
todo está sucio y no tiene ya ningún sentido.
A este saber se llega por dos caminos:
o el nihilismo
o el autoconocimiento a través del espíritu.

Pero, ¿qué es espíritu?
¿Qué es impresión, qué es futuro?
Yo lo sé y no lo sé.
Yo lo digo
y no lo digo.
Entre figuras de triste silueta
cabalgo, corro, vuelo, me extravío,
cien veces me encuentro entre las sombras,
de nuevo me pierdo entre los niños,
sonrío, lloro, en un lugar apartado me quedo solo y en silencio,
muy mudo, y muy quieto.
Y regreso con la forma de un animal sanguinario,
traigo largos los colmillos
y agitado el largo cabello.
Soy Dios, soy el Demonio,
soy la felicidad de un hombre que ha dejado atrás a los hombres y sus miedos.
Y quizá algún día tenga que pagar por ello.

O, quién sabe…
Tal vez sean otros quienes hayan de pagar el más alto precio.





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