jueves, 11 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 45.



Cuando el amor no sea un azar



Cuando el amor no sea un azar,
ni sola excusa de la vanidad liberta.
Cuando los animales, de nuevo alegres,
regresen a beber de este mismo manantial,
y ahuyentados, los rojos halcones,
desubiquen la infeliz arrogancia del silencio que mana.
Más allá del mar en calma, donde nada tiembla,
donde también la tierra dorada acuna
y mece con su arena el ritmo del corazón que late.
Allí residirán nuestras ilusiones armónicas
dejando a su paso en cada rosa un deseo,
un espacio de luz y ternura como leve pétalo
que también al caer se recoge, y siembra.
Algún día, en algún lugar,
quizá mañana en tu regazo,
tal vez siempre en nuestros ojos,
cuando la espuma brote de labios que se acercan,
donde la risa tenga manos de bronce que, irisadas, alumbren.
Al caer la tarde, en la penumbra verde de un cuerpo ardiente,
sabrás que mi amor no era un azar,
que cada beso, cual paloma de dulzuras mensajera,
se posó en tus hombros por necesidad, y con cariño.
Muy pronto, muy cerca, lo sabrás.





2 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Hola David, hace días que no te hago comentarios, pero permanezco aquí, leyéndote.
Para este hermoso poema que nos ofreces y, si me lo permites, voy a agregar tan sólo una frase a modo de epílogo que me pareció muy apropiada para tus versos, aún a costa de que pueda parecer cursi. Ahí va:

"Cuando la vida pueda pintar tu nombre de arco iris sin nubarrones qeu lo manchen, sin heridas que lo atraviesen, sabrás lo mucho que te quiero, te quise y te querré"

David Martínez Romero dijo...


Hola, Fina, gracias por tus palabras. Me entusiasma que mis versos te inspiren.
Un beso,
David

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