martes, 23 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 47.



El alma de un artista



Suavemente el silencio cae como blanco pájaro
abriendo agujeros en las nubes, por donde atraviesan haces de luz
rotos en agujas de escarcha que fluye, lenta muerte de magma
sobre las manos nuestras ayer entrelazadas,
hoy perdidas bajo tierra.
Porque el polvo se ha comido los cuadros de la biblioteca:
aquellos libros, donde soñando prometimos
amor inmenso y placer y caricias,
se han perdido, como el polvo, como pájaro blanco que se eleva.
Páginas y más páginas de imágenes grises, fragmentarias,
me recuerdan la inutilidad de todas las rosas y sé
que la belleza muere,
que la mujer es hermosa y su hermosura brilla,
que el empuje ineluctable del tiempo arrecia
y como ola llega y se va como espuma.
Suavemente, de una lágrima
brota magnífica toda la filosofía,
todo el conocimiento de la verdad, de la noche, del azúcar,
todo cuanto es digno de ser sabido o besado,
lunas de cristal con los párpados muy abiertos
como si un animal albino hubiera cruzado la estancia 
a la velocidad de una sonrisa:
quizá un ángel…
quizá el alma de un artista.




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