miércoles, 5 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 53.



Bondad del hombre con tristeza a cuestas



No hay vacío que la mar no exprese con su espuma,
ni dolor o armadura que rompiendo contra el filo
la sombra no dibuje en el costado que me sangra.
Es siempre el mismo ruido, una canción de objetos
repartidos por la estancia en penumbra,
imagen del tenor mudo hundido en lágrimas
abriendo sus labios para callar lo inusitado oculto.
El viento mueve las cortinas, la silueta permanece intacta.
A lo lejos, nada.
En torno al hombre, libros, cuadernos, lápices,
un deseo de partir, pero sin rumbo
ni ya fuerza.
Caída libre: condena eterna.
Paredes que impiden el diálogo, silencio
sólido como acero fundido sobre el hueco del alma,
y tras del alma, rincones, capas de polvo,
recuerdos inútiles de un pasado que pululan
como brillos en el cristal de la ventana.
El mar, en la distancia.
Solamente luz afuera.
Y aquí yo dentro, el hombre, el tenor, cantando en silencio
la bondad de esta tristeza que cargo siempre a mis espaldas. 



4 comentarios:

cirujano especialista dijo...

Hola no puedo dejar de expresar mi admiracion por tu manera de decir las cosas, me provoca undirme en todos tus relatos y escapar de la realidad por un instante de grata abstraccion intima..
Saludos

David Martínez Romero dijo...


Amables palabras, gracias por tu comentario. Espero que idéntica sensación te siga acompañado en nuevas lecturas, y ojalá llegue el momento en que al regresar de la escapada y la abstracción íntima, encuentras la realidad misma inundada de idéntico sentimiento. Ése es el sueño de mi vida.
Un abrazo, y de nuevo gracias.
David

cirujano plastico reparador dijo...

Que eres terrible, hasta tu respuesta es digna de admiracion, la realidad es bella, pero muy limitada por las reglas de la fisica amigo!! es lindo soñar despierto, y por supuesto es lindo despertar!!
Saludos

David Martínez Romero dijo...


Gracias de nuevo, espero seguir leyendo tus comentarios.

Un abrazo,

David

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