miércoles, 19 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 55.



Esclavos del cielo



Cómo puede subyugar el amor, quebrar
las piernas ayer rígidas,
y de un hombre firme, de una mujer
moral,
de cualquiera,
puede extraer lo antes nunca soñado y convertirlo en piedra.
Lo duro es más real que las ondas etéreas.
¿Quién baila?
El esclavo ciego, tanteando con sus cadenas.
Se abre el espacio:
rey de sombras, emerge sin designios.
Hablan las paredes, grietas
de tiempos pasados hablan,
y dos amantes enajenados sobre el suelo frío
aman y se aman y se pierden en la niebla.
Mi dulce poeta,
te han vuelto a engañar las mismas estrellas,
otra vez los astros que reptan han hecho de ti una estatua,
de tus manos blancas han tejido historias,
cuentos, palabras, rasguños, heridas.
¿Quién baila?
La música silba, como un rayo
disparado al centro de mi pena, y todos lloran
aquella canción que un día, de niño,
sirvió para producir la risa.

Hay grilletes en tu lengua.
Has amado, es cierto,
y a veces sueñas.
Pero el resto del tiempo eres mentira,
eres solamente detritos de leyendas muertas,
con los ojos ignoras y con el alma
te duplicas.
Qué triste es la pasión cuando no encuentra una salida.
Buscas respuestas en el cielo.
No me busques aún a mí.
Yo soy el silencio que yace antes de la filosofía.




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