lunes, 24 de diciembre de 2012

Historia de la lejanía, 56.



Historia de mi silencio



Yo camino, y allá delante mi voz, callada,
también avanza sin destino hacia un lado oculto en la ribera
donde crece piedra y roca y metal y nada
se interpone entre la verdad y mi hastío.
Triste mar que rompes en la arena,
sangre dulce que como sal arrecias en la sombra,
callada, con las manos agotadas cuando llueve,
refluyes hacia un saber que es solamente cosmos, y luz, y aurora.
Fluyes anocheciendo cual ladera de montaña,
impresión de sol fundiéndose hacia dentro,
grácil introspección del ave que, volando, invade.
Y una música te acompaña, en silencio,
procesión de almas en un solo cuerpo,
cuerpo de luces en un solo astro celeste
que abandonado al azar redime la distancia eterna.
Un hombre es una distancia, un silencio,
una voz que, interpretada por el viento, subyuga.
Pasión sin voz, piel sobre piel, amante
de todas las bellezas que pululan por el mundo sin saberse.



ShareThis