jueves, 26 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 39.



Simbiosis



Como solamente un músico sabe aniquilarse a sí mismo,
así la noche inapropiada se consume sin luna y sin estrellas,
sólo negrura de un manto que cobra vida en la distancia
y negando la singularidad del tiempo sobrevuela y se hace añicos.
Triste canción de hombre que, en su lenta espera,
busca la definición total entre silencios,
el complejo soñar a solas que es la independencia
como máscara veneciana oculta entre las olas que pasan,
incesante negar de realidades paralelas,
de verdades ostensibles y afiladas,
de posturas que débilmente se tornan luz de estatua.

El amor es imposible cuando nadie ama.
Me niego a ser esclavo del aplauso de un mundo que no espera.
Exijo libertad en esta cárcel de leyes, de edificios, de palabras.
Reconozco que me he perdido,
busco a tientas una mano amiga…
y una mano encuentro finalmente, sí,
pero es también la mía.






jueves, 19 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 38.



Esperando el final



El frío es un tránsito, una oportunidad,
una puerta tendida entre dos mundos que se quiebran,
una mentira piadosa arrojada al complejo cesarismo
de todo hombre que se precia y, nacido del orgullo, 
reclama para sí no derechos
sino privilegios.
Así el invierno, infeliz grano de muerte,
podrá finalmente germinar y brotar y reproducir la historia,
regresar sin gloria a la pérdida inefable de sentido,
convocar la inusitada escala de frecuencias que barren el diafragma.
Hablarán entonces de la primavera,
los cansados, los que huyen, los que compran en las rebajas,
todos aquellos que alguna vez perdieron las llaves de su casa,
los bajitos, los esquivos, los que tienen ya escamas en vez de ojos,
todos ellos
hablarán de la primavera como el que se juega la vida,
y se tenderán sobre su puerta flotante en el mar de las desdichas
y navegarán
y se conducirán, irremisiblemente, hacia el final.
Los hombres tienen las manos torcidas, de esto no hay duda.
Es noche profunda, e invierno, 
y el frío, como tiempo, transita.





jueves, 12 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 37.



Canción de invierno



Todos los hombres caminan en una dirección inmanente.
Pero sólo los más extraños lloran callados en el mar.
Solamente los hombres raros se detienen
y elevados sobre su propia figura
arrojan miradas oscuras contra la muchedumbre.
La sinceridad es una piedra preciosa,
como la música,
como las lentas olas que rozan la arena
y después se retiran fúnebres contra el fondo.
El corazón, cuando late, golpea,
zahiere,
estructura.
Compuesto por rincones de oro es el invierno,
frío y árido castigo del tiempo en cuanto clima,
pausa entre verdades de sol que callan su niebla sin reparo.
Fría, y árida, es la mentira, la falsa muerte, la noche
que cuando cae, consterna, dilata,
abre simas de horror entre silencios,
rompe labios sin amor sobre muchedumbres espantadas que huyen hacia el vacío.
Algún día, quizá pronto, sobrevendrá la negra hora.
Quizá entonces ya sea demasiado tarde para reaccionar.
Posiblemente haya sido siempre demasiado tarde para todo.




jueves, 5 de julio de 2012

Historia de la lejanía, 36.



La distancia eterna



Es el espacio, indómito, el que abriendo canales de tiempo
me impide llegar a mi destino de soledad,
y abrumado por el ruido y la torpeza
de almas que se quiebran a mi paso como juncos
me inhibo y respiro sólo este aire mío de adentro,
la sola luz mía en el interior.
Es también la música, insensata, la que nutriendo de vibraciones la distancia
conecta espíritus de suyo apartados e inconexos,
como cable de agua tendido al viento,
como flecha de ansia arrojada a un mundo que no cede.

Solamente pensar, apenas entrever
más allá del amor salvaje y del sudor impío,
las inmensas posibilidades de la piel sin miedo,
basta para encerrarse de por vida en cualquier torre
y dejarse llevar por el odio acérrimo a lo posible incumplido.
Pero siempre habrá una mujer que con su sola sonrisa
borrará de un golpe mi amargura y mi intelecto,
y por ello doy gracias, 
tiemblo, sueño, caigo
al mundo del que huyo siempre 
y al que siempre vuelvo.



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