martes, 30 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 48.



La fiesta de los sentidos



Caer por tu piel es un incendio,
una guerra de luz entre divinas sombras,
conquista perpetua de labios que se esquivan
como flores de acero en un mar zaherido de tormentas.
Te oigo suspirar, y tus gemidos vuelan,
corren hacia el sol como gacelas,
regresan de repente o nunca
y se posan en mis límites,
tus suspiros me radican,
tu voz entrecortada cuando mis manos te tocan.
¿Eres azul?
Sin duda, vives sostenida.
Alegremente dejas que me hunda en tus grietas
y sonríes, abandonas
regalos de placer por tu cuerpo, y con mis labios
me alimento de tus palabras,
me sumerjo en tus caricias.
Déjame dibujar con mi lengua superficies,
permite que te contemple con mi boca.
Iluminada por mi sangre, navegas en mis venas.
Te oigo, te siento, me estremezco
viéndote gozar, entiendo
por qué la vida es en absoluto eterna. 





martes, 23 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 47.



El alma de un artista



Suavemente el silencio cae como blanco pájaro
abriendo agujeros en las nubes, por donde atraviesan haces de luz
rotos en agujas de escarcha que fluye, lenta muerte de magma
sobre las manos nuestras ayer entrelazadas,
hoy perdidas bajo tierra.
Porque el polvo se ha comido los cuadros de la biblioteca:
aquellos libros, donde soñando prometimos
amor inmenso y placer y caricias,
se han perdido, como el polvo, como pájaro blanco que se eleva.
Páginas y más páginas de imágenes grises, fragmentarias,
me recuerdan la inutilidad de todas las rosas y sé
que la belleza muere,
que la mujer es hermosa y su hermosura brilla,
que el empuje ineluctable del tiempo arrecia
y como ola llega y se va como espuma.
Suavemente, de una lágrima
brota magnífica toda la filosofía,
todo el conocimiento de la verdad, de la noche, del azúcar,
todo cuanto es digno de ser sabido o besado,
lunas de cristal con los párpados muy abiertos
como si un animal albino hubiera cruzado la estancia 
a la velocidad de una sonrisa:
quizá un ángel…
quizá el alma de un artista.




martes, 16 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 46.



Después de mí



Siempre crees que la primavera surge cuando más la necesitas.
Pero es mentira.
Tú misma corres hacia el amor, pero no amas,
no ves que la luz evita sin cesar esa alta cumbre
donde solamente yo te espero aun sabiendo que no llegarás nunca.
Eres pura, mas inversa.
No te entiendo, y la ignorancia me quema,
te busco con toda mi inteligencia y a pesar del miedo,
te quiero con toda mi alma aunque esta guerra
que es luchar por ti me anula,
me certifica y me consume,
hace de mí una nada, obligándome a no serlo.
Siempre has caminado con la mirada perdida.
Y ahora yo me pierdo en tus ojos vacíos,
incapaz del silencio, henchido de triste música,
aleteando torpe como un pájaro sin nido que busca paz sobre las nubes
y no la encuentra.
¿Por qué llorar?
Tuyas son mis lágrimas.
Tuya mi lealtad, mi espada te pertenece, clávamela
entre las costillas, y arranca.
Vivir es simplemente una huida,
tú no estás
y yo no siento otra verdad que tu ausencia.
Sé – siempre lo he sabido –
que mi sentimiento de la vida es trágico,
que mi amor es trágico,
que mis manos son en cada línea una tragedia,
pero nunca te he engañado,
desde el comienzo te dije
que más allá del gentío nadaba un pez en aguas turbias.
Mi espíritu,
baldío
aunque sembrado de duda santa,
siempre supo que tú no serías mía.
Acepto la realidad
que me ha sido dada,
tan sólo pido
una oportunidad para seguir viviendo después de ti,
para demostrar al mundo que incluso de mí mismo prescindo,
que me debo a mi tarea.
Pero ya no estás,
y te sigo buscando con mi cuerpo,
mis brazos te buscan,
mis dedos te palpan, sombra de un pasado
que no volverá nunca.
No puedo pedir perdón.
Sin embargo, puedo desearte felicidad eterna.
Lo que siempre quise para ti, sea,
incluso después de mí, y de mis pájaros, y de mi esencia.
Déjame decirte que aún te quiero,
aunque tú no estés y aunque tú ya no me quieras.





jueves, 11 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 45.



Cuando el amor no sea un azar



Cuando el amor no sea un azar,
ni sola excusa de la vanidad liberta.
Cuando los animales, de nuevo alegres,
regresen a beber de este mismo manantial,
y ahuyentados, los rojos halcones,
desubiquen la infeliz arrogancia del silencio que mana.
Más allá del mar en calma, donde nada tiembla,
donde también la tierra dorada acuna
y mece con su arena el ritmo del corazón que late.
Allí residirán nuestras ilusiones armónicas
dejando a su paso en cada rosa un deseo,
un espacio de luz y ternura como leve pétalo
que también al caer se recoge, y siembra.
Algún día, en algún lugar,
quizá mañana en tu regazo,
tal vez siempre en nuestros ojos,
cuando la espuma brote de labios que se acercan,
donde la risa tenga manos de bronce que, irisadas, alumbren.
Al caer la tarde, en la penumbra verde de un cuerpo ardiente,
sabrás que mi amor no era un azar,
que cada beso, cual paloma de dulzuras mensajera,
se posó en tus hombros por necesidad, y con cariño.
Muy pronto, muy cerca, lo sabrás.





lunes, 1 de octubre de 2012

Historia de la lejanía, 44.



Impresión de futuro



Pronto habrá de reinar una nueva dinastía en el espíritu de los hombres.
Pronto, muy pronto, mi verdad,
que es a la vez canto y silencio, reinará,
como un circuito sobrecargado que nunca gime,
como una luz circular que todo lo abarca,
y entre figuras erróneas dejadas del viento,
pasará,
abrirá nuevos espacios,
alzará templos insondables.

Veo
- pues también soy un visionario -
una mujer.
De alguna forma, esa mujer habrá de darme un hijo.
Y mi hijo será mi heredero, mi heraldo y mi sí mismo.
Porque todas las verdades de este mundo cruzan más allá de la carne,
igual que las mentiras descienden de los padres a los hijos.
El mundo en el que yo he nacido está podrido
- eso lo saben ya todos, incluso los ilusos.
La ciencia, el arte, la filosofía, la religión…
todo está sucio y no tiene ya ningún sentido.
A este saber se llega por dos caminos:
o el nihilismo
o el autoconocimiento a través del espíritu.

Pero, ¿qué es espíritu?
¿Qué es impresión, qué es futuro?
Yo lo sé y no lo sé.
Yo lo digo
y no lo digo.
Entre figuras de triste silueta
cabalgo, corro, vuelo, me extravío,
cien veces me encuentro entre las sombras,
de nuevo me pierdo entre los niños,
sonrío, lloro, en un lugar apartado me quedo solo y en silencio,
muy mudo, y muy quieto.
Y regreso con la forma de un animal sanguinario,
traigo largos los colmillos
y agitado el largo cabello.
Soy Dios, soy el Demonio,
soy la felicidad de un hombre que ha dejado atrás a los hombres y sus miedos.
Y quizá algún día tenga que pagar por ello.

O, quién sabe…
Tal vez sean otros quienes hayan de pagar el más alto precio.





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