martes, 15 de enero de 2013

Historia de la lejanía, 59.



El erotismo es un humanismo


Porque amar es, más allá de la necesidad, un ansia de dominio.
Aunque precaria, su esencia, es libertad de animales en celo,
conquista mercenaria de valores siempre en alza
como la procreación, la posesión, la entrega,
iluminación del espíritu con el espíritu,
caricia que lentamente se convierte en abismo,
soledad que rompe en la mirada ungida de deseo.
Amar es quebrar la piel que se endurece en lo pérfido externo,
soñar con cielos que no emergen, láminas de sal
sobre las que una mujer se tumba lejos,
y en la distancia
reniega del hombre que huye si, siendo poeta,
a su vez reniega del sonido y habla solamente hacia dentro.
Pelear con arena desde el fondo, niebla que resurge,
solidez altiva de una mirada que en la negrura alude.
El sexo es todo ruptura, religión, crucifixión absurda,
en las noches de dolor alterno el erotismo cruel y desalmado
hace de cada hombre, de cada ser, un abismo,
una distancia que únicamente puede salvarse con la música,
quizá gemidos de placer, sueño u olvido.
Un ascender hacia la comprensión de que hay otros mundos,
cada uno de ellos poblado por un alma frágil y pequeña
que siente, ruega y padece como si fuera la nuestra. 



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