jueves, 7 de febrero de 2013

El Silencio, 3.



3


Ella duerme, con las manos en alto,
y dulcemente sueña con niños que ríen,
ella misma una niña
compone la tristeza roma
de unos ojos azules que brillan como lápices.
Belleza de mujer, suavidad en los dedos que se agitan
buscando en duermevela una palabra,
un delfín, una esperanza, quieto mar de sonrisas
de madre, de mujer, de niño que corre y, sonriendo, grita.
Niña ella misma un día,
siempre antes mujer, siempre después
melodía,
la naturaleza se muestra feliz
en los movimientos que se integran en el viento,
en la historia de mi vida,
en la vida sin historia de todas las cosas diminutas.
Frágil, porque no se puede romper,
su sexo es delicadeza,
y suavidad de mármol caliente
como leche fresca en la hora de la sed.
Amor puro que corre, y nunca cesa.
Niña ella misma, mujer,
siempre antes dormida, siempre después
mediodía.





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