jueves, 21 de febrero de 2013

El Silencio, 5.



5


Vino todavía desnuda, y con sus manos heladas
acarició mi piel quemada, sanándola,
dejando en cada poro un murmullo de amor,
una voz delgada,
un suspiro de mujer que vino
a mí un día cuando la amaba, y por pasión
llegó para curarme del mal de la esperanza.
Libre soy, ya no espero nada.
Como voz de mujer que llega para quedarse,
mi felicidad invade, amando
direcciones ineficientes,
impresiones de viento blanco,
música que escapa.
Ella vino, y ya no está, y yo
que nunca estuve
regresé para esperarla.
Me curó…
Ya no sé si antes, o después.
Ahora ya no está.
Y yo no espero nada.





No hay comentarios:

ShareThis