jueves, 28 de febrero de 2013

El Silencio, 6.



6


Quisiera huir de mi saber, correr hacia donde
nada sé, ni entiendo, donde sólo siento
y mi sentir es vaga conciencia de animal
que indiferente a su mismidad, reclama.
Quisiera morir y renacer en este cuerpo,
con las manos arrancarme el centro
y caer en abismos a perpetuidad,
siempre caer hacia donde está oscuro
y nada importa ya nada.
Al silencio.
Caer al magma.
Al infinito inmenso.
Caer en la soledad del salvaje duro y apátrida,
regresar a la selva, al desierto, al mar,
a cualquier lugar donde facilidad
no sea sinónimo de existencia.
No quiero este arte, esta cultura, esta verdad.
No quiero fingir más.
Quisiera amar sin culpa, sin miedo, sin reparo.
Ser cuerpo
y como cuerpo, tierra.

Porque la sal de tu boca es muerte.
Porque en tus labios, la muerte es rosa.
Porque nacido del silencio te hablo.
Porque viviendo en la ignorancia me establezco.

Pero de poco sirve ya soñar.
Mi saber soy, y si algo hay cierto
es que jamás podré huir de mí mismo.
Seré animal y hombre,
absoluto azar, y verdad, y mentira, y dual conciencia
de un ser y no ser al mismo tiempo.
En el silencio, en el magma,
donde es profundo desde el centro
este sentir horror y noche esquiva.
Seguiré fingiendo.
Adoptaré formas.
Alma seré,
y como alma, cielo.





2 comentarios:

ÍO dijo...

Tremendo, esto de aceptar que estamos condenados por lo que sabemos... Es como aquellos pigmeos escandinavos que en una carta escrita y formal dirigida a su gobierno, al verse inminentemente ocupados por un aluvión de información que venía del exterior, reclamaron textualmente "su derecho a no saber"... ío

David Martínez Romero dijo...


Hombre, qué placer tenerte por aquí, es todo un honor que te hayas animado a visitar el blog y comentarlo. No sabía nada de pigmeos escandinavos, pero la anécdota me parece adecuada. Decía Nietzsche que algunas cosas prefería no saberlas, que la sabiduría también impone límites al conocimiento. Se me ocurre como ejemplo, por de pronto, ya que hablas de aluviones de información, la inhumana cantidad de impactos publicitarios que tengo que tragarme diariamente acerca de cosas que me importan un bledo.

Tambien, en otro orden de cosas, hay cuestiones que quizá no me apetece saber pero a las que no me queda más remedio que enfrentarme, especialmente sobre mí mismo.

Un abrazo, Ío.

David

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