jueves, 14 de marzo de 2013

El Silencio, 8.



8


Cuando llega, el amor,
qué rápido, cuán lentamente
consume los silencios que nunca brillaron.
Con sus dulces manos de nácar
te conduce adonde ya estabas, sin saberlo,
y rompe sobre tu pecho como una escama,
abriendo rincones donde dormían estatuas calladas
que eran a un tiempo mi espíritu y tu esperanza.
El amor,
cuando llega,
tan callando, como la mañana,
robando el tiempo que antes vibraba,
esas mismas horas que ayer, irradiado,
tratabas de evitar huyendo hacia un sol que nunca ardía.
Y la luz, que con su eterna suavidad intacta,
fluyendo de tu fuerza perfecta,
antes corría hacia la distancia,
ahora cae sobre ti como agua límpida,
como sal exacta,
como arroz en ascuas que devoras a veces
cuando sabes que, llegado el amor,
amas.
Porque amar es una ficción de la carne
y solamente existen los cuerpos que se aman.






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