jueves, 9 de mayo de 2013

El Silencio, 14.



14


No es tristeza.
Ni soledad.
El silencio es otra cosa.
Mi silencio, por ejemplo,
es clamor de todo lo que callo
y fracaso de cuanto he dicho
a destiempo.
Al fin, es también demostración de lo que ignoro.
Mi silencio es aquí mi cansancio.
Palabras de amor que, ya olvidadas,
que regresan en forma de ausencia
y queman desde el ámbito de lo imposible.
Imposible es mi destino.
Aquel futuro que un día me acariciaba en la mejilla,
aquellos sueños, ritos, oraciones mágicas
que encerradas en ojos de curvado lamento
repetían cantos de ilusión y de esperanza.
¿Adónde fueron?
No lo sé, pero lejos,
tan lejos
como aquel niño que reía a solas, y lloraba.
Ni mi llanto ni mi risa me conmueven.
Y mis palabras, asesinadas en el umbral, ya no mueven a nada.
No es tristeza,
ni siquiera soledad.
Es callar a fuerza de hablar sin alma.






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