lunes, 24 de junio de 2013

El Silencio, 19.



19


Quiere soñar, la noche,
pero ya no tiene tiempo.
Le duele, al cabo, a la noche
esa rara ausencia de voluntad,
ese querer rozar los astros con silencios negros,
ese viento infantil recobrado cuando mece
de parte a parte lunas como rayos que se quiebran.
Quiere soñar.
La noche.
Y para soñar hace que duerma el mundo,
que las ramas de árboles milenarios
se tuerzan hacia un futuro inauténtico,
que las promesas otrora brindadas a los que se fueron
adquieran tonalidades de fuego fatuo, y hiervan.
Así mi alma, con nocturnidad,
persigue probabilidades en una ciudad sin espíritu,
arrojando a su paso tempestades como rosas
que son ceniza, y van al aire.
Quiere soñar.
Quiere abrir espacios que no pesan.
Quiere dominar sin saberlo, ambición oculta de un poder
que es únicamente poder cuando no se ejerce.

Inteligencia,
dame fuerzas para romper la noche y separar las aguas,
estas aguas putrefactas que se interponen entre mi felicidad y mi destino
como cortina de humo tendida entre dos reinos.
Sabe, noche, que mi reino
siempre es de este mundo.

Y qué es la noche
sino el día, cuando calla.
Sino la luz, cuando se obceca en el silencio.





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