jueves, 29 de agosto de 2013

El Silencio, 22.



22


Y después del éxtasis, la nada.
Tras la gran explosión,
la suave calma.
Luego de la grandilocuencia
viene la sorda ignorancia.
El ruido pasa
pero el silencio queda.
Yo amo el silencio.
Y sin embargo, denuncio a los que callan.
Hubo un tiempo en que yo amaba,
por encima de todas las cosas,
el sonido de las palabras.
Hoy prefiero la ausencia de sonido
que acompaña a las ideas originarias.
El auténtico creador pasa callando.
¿A quién podría él hablar?
¿Quién se detendría siquiera a escucharlo?
No.
Silencio.
Delicadeza en las formas.
Precaución en las miradas.
Lo precioso es para el que lo aprecia.
Nosotros nos buscamos en la niebla
(y como escribiera el Maestro:
digo nosotros por cortesía…).




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