martes, 15 de octubre de 2013

Transitaria, 6.




Nostaljia



Moses did! Aunque de mí no pueda decirse precisamente que yo sea un profeta, ni mucho menos beloved of God, sin embargo he decidido en estas últimas y terribles jornadas que Lawrence de Arabia es en cierto modo el mito de mí mismo y que en todo enigma reside una buena porción de desierto. Dicho lo cual, voy a explicar el misterio tantas veces formulado por físicos, astrólogos y otros científicos de la duda, la clave del magnetismo tantas veces demostrado por la Kabbalah, las cábalas y las cuentas místicas, el silencio hablado de la palabra intrínseca que humedecida se desglosa en momentos de música, sexo y jazz. Hoy, por fin, voy a contaros la verdad. Saben los hados blancos que la llave del éxito de un libro está en todas y cada de una de sus frases, de lo que se sigue, así, siguiéndose, como tal, que todas y cada una de las frases escritas con voluntad de eternidad son ya en sí mismas un éxito. Esto es discutible. Lo que no ha lugar a discusión es que siento nostalgia, profunda nostalgia de mi tierra y de mis animales, de las gentes que arbitraria, casual, indisciplinadamente he conocido he ido conociendo y de cuya ausente compañía adolezco, pero los revivo en el recuerdo, y he aquí la verdad, pues hoy los recuerdo pero mañana ni tú (ni yo), ni ellos, ni tal vez esta cueva, existirán. Ésa es la verdad. 






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