miércoles, 30 de enero de 2013

El Silencio, 2.



2



Es roca, el talento, cuando brillando
nula muerte ronda los mares sin límite
de este calor de piel que sueña a la deriva
enrojeciendo.
Es dureza, amplitud, silencio,
la inteligencia cuando callando secretos a voces
se dictaminan principios o encuestas
vacías de significado y número.
Pura doxa, con manos ligeras, humo
de plata que rectifica, y gira en torno.
Dedos como guitarras que resbalan
y abriendo su pecho granado
iluminan lo que duerme oscuro.
Amagos de luz parpadeante, ojos entornados
y labios que en el aire se abren como risa.
Pétalos que se rompen en torno como niebla.




domingo, 20 de enero de 2013

El Silencio. Primera Parte.




EL SILENCIO



Camille Pissarro, La calle Saint-Honoré 
después del mediodía. Efecto de lluvia.



Pero ¿quién de entre nosotros, hombres de hoy,
querría imaginar que sus intentos de pensar pueden encontrar su lugar
siguiendo la senda del silencio?

Martin HEIDEGGER, Carta sobre el Humanismo



 Primera Parte

Días sin música




1

Hablan voces en torno mío,
delgadas líneas, cubiertas de palabras superpuestas,
timbres irreconocibles en la suma,
cadencias inútiles que se pierden,
en definitiva,
cuando con indiferencia, y callado
ignoro lo que dicen desde afuera.
Sé que muchos hablan
y sin embargo, de cuanto dicen
no sé nada.
Creen,
deben de creer
que mi presencia les basta.
Craso error.
Yo estoy, pero no existo.
Me reservo para un futuro mejor.
He aprendido a derivar sin angustia
y dueño de mi destino, me abandono.
De cuanto haga, bien o mal,
culpad a mis instintos. El amor
es para mí una gran incógnita que practico a veces.
Otras veces conspiro.
A menudo construyo largos pensamientos
como suaves caricias plenas de filosofía móvil.
Y todo lo callo.
Si es importante, no lo digo.

Por eso creen que hablan conmigo.
Porque he asumido sin dolor su banalidad y la comparto,
como un niño que juega,
como un niño que duerme,
como un niño.





Historia de la lejanía, 60. Final.



Historia de lo mismo



Hay momentos que se llenan de silencio
cuando nubes esquivas cubren el horizonte
y los edificios altos, rojos, amarillos, hienden
de grises surcos la nada urbana, 
y atardece.
Un segundo y la tarde es noche.
Un momento y lo que fue, desaparece.
Viaje tras viaje, estaciones de tren, carreteras, aeropuertos,
amigos, negocios, mujeres,
mis ojos de un lado a otro buscando, queriendo,
mis pies caminando, mis manos... sosteniendo,
calor en invierno, frío en el verano,
días, meses, años,
lentamente arrugas surcando 
la débil, irredenta comisura de mis labios.

No permitáis nunca 
que me quiten estas pobres cicatrices.
Mi voz se agravará, como instrumento de cuerda y viento,
y cada vez más oscuros, mis deseos
se harán reflejo de mis actos.
Hablar, callar, hacer, dormir,
todo es siempre lo mismo
y nunca eterno. Pero hablo, a solas más incierto,
y digo lo que veo, a oscuras,
en el profundo interior de este espíritu que no es mío
y lo es, siéndolo
donde la realidad sucede,
donde la luz es tenue, y cambia.
La inmediatez es una mentira de los poderosos,
de todos aquellos que con su ley, sus ejércitos y sus fronteras
existen para dividir, y separan
uniendo en una sola mentira todas nuestras esperanzas.
Yo no espero nada. Yo
puedo más que ellos.
Pero el tiempo pasa.
Los árboles, bajo mi ventana, crecen, 
se llenan de hojas, cubren las nubes también inmensas,
y pierden luego sus hojas, 
siempre alguien llega
para podar sus ramas.
Las mismas caras en el metro, a veces diferentes
aunque hermanadas por la estupefacción,
nacionales, residentes, inmigrantes ilegales,
una estación, otra, lluvia, sequía, palabras, pantallas de televisión,
modelos desfilando en la pasarela,
mis recuerdos, mi niñez, mis pensamientos
vagando por delgados versos incompletos,
lo que he escrito, lo que nunca he escrito, lo que jamás escribiré,
y entretanto la vida, el trabajo, la soledad, el sexo.
Astuta voluntad de dar.
Mi sabiduría crece en el abismo
hasta que un solo espectáculo de la mediocridad quiebra mi triunfo,
y vuelta a lo mismo.
Lo de siempre.
El ir y venir de las masas,
los medios de transporte, la insatisfacción,
la corrupción de los políticos
y mi escandalosa incapacidad para transmitir nada
que no sea duda, pérdida, cansancio.
Diamantina dureza para conmigo mismo,
restos de un antiguo amor por la belleza,
de un pasado impío en el que todo era siempre imposible
pero estaba vivo.
¿Hoy quién vive? Algunos libros
que descansan llenos de polvo, en almacenes inmensos.
Cientos de ciudades respirando al unísono, ignorando
las señales que claman desde cielo y el infierno.
Con el final de las religiones se perdió la pasión por el instinto.
Solamente hay una civilización: el hombre.
La mujer será siempre un misterio.
Y en convivencia ilícita con la suciedad industrial
cada vez somos más y sentimos menos.
Pero el amor quiere abrirse camino.
Sólo por eso miro al mundo, y sonrío.
Porque la repetición es un alivio.
Todo responde a una misma intensidad inicial:
la luz de la que todo mana
y a la que todo vuelve.
¿Soy yo esa luz?
Lo he sido
cuando he vivido plenamente,
o lo que es lo mismo,
cuando he sido dueño de mi felicidad y de mi tristeza.
Vivir es darse,
existir es olvidar que la entrega
es la única verdad.
Yo, os doy lo que tengo.
No es mucho.
Pero es cierto.
Tomadlo o no, eso es asunto vuestro.
Yo seguiré caminando
mientras me quede aliento.




FIN
DE LA
HISTORIA DE LA LEJANÍA



martes, 15 de enero de 2013

Historia de la lejanía, 59.



El erotismo es un humanismo


Porque amar es, más allá de la necesidad, un ansia de dominio.
Aunque precaria, su esencia, es libertad de animales en celo,
conquista mercenaria de valores siempre en alza
como la procreación, la posesión, la entrega,
iluminación del espíritu con el espíritu,
caricia que lentamente se convierte en abismo,
soledad que rompe en la mirada ungida de deseo.
Amar es quebrar la piel que se endurece en lo pérfido externo,
soñar con cielos que no emergen, láminas de sal
sobre las que una mujer se tumba lejos,
y en la distancia
reniega del hombre que huye si, siendo poeta,
a su vez reniega del sonido y habla solamente hacia dentro.
Pelear con arena desde el fondo, niebla que resurge,
solidez altiva de una mirada que en la negrura alude.
El sexo es todo ruptura, religión, crucifixión absurda,
en las noches de dolor alterno el erotismo cruel y desalmado
hace de cada hombre, de cada ser, un abismo,
una distancia que únicamente puede salvarse con la música,
quizá gemidos de placer, sueño u olvido.
Un ascender hacia la comprensión de que hay otros mundos,
cada uno de ellos poblado por un alma frágil y pequeña
que siente, ruega y padece como si fuera la nuestra. 



martes, 8 de enero de 2013

Historia de la lejanía, 58.




Paisajes



Tiene la noche un dulce sabor a roca
que invade mis labios cuando duermo, cuando sueño
con lejanas tierras que se tiñen de naranja en el estío.
Cada estado del alma es un paisaje:
azules filos encerrados entre casas blancas,
cenicientos perfiles derrotados como sombra
a cuyos pies yace un ángel dormido en inquietante silencio.
Luna de oro, enhiesta, azorada, cayendo
hacia el norte frío,
hacia la nada tan cálida cuando miente,
rincón de sal en que crecen
sombras, luces, dudas dormidas,
pensamientos nacientes que reclaman un objeto.
Cuerpos erguidos en la distancia. Cuadros
de almas huidas por la abertura del espíritu,
canciones oídas entre recuerdos de niño,
imágenes: una madre, un sillón, un espejo apenas pulido
y un beso dado en silencio, con amor, al tiempo.
Palabras que son música, silencios que son raíces
donde crecen anhelantes los destinos.
Pasado, futuro, entre caminos una lágrima
tendida sin saber por qué así, de pronto, la tristeza
quiere adueñarse del espacio infinito que nos separa y nos alienta.




miércoles, 2 de enero de 2013

Historia de la lejanía, 57.



Especialidad



Mi especialidad es la perfección sin pausa,
una suerte de plenitud o acorde
que rige mi destino aun cuando la sombra reina.
Inmensidad:
la creencia en una realidad total de pareceres
sintetizada como alimento de luz y astucia.
Unas pocas verdades apenas
dejo caer frente a mí, y camino
sorteando mis propias convicciones
hasta que se convierten en principios.
Mi especialidad es la existencia:
ser, y ser sin miedo ni fugaz melancolía,
sentir más allá del pensamiento para regresar después a las palabras
como el ave que regresa al sur interno.
El cuerpo, la piel, el corazón, son formas de calor
y promesas del futuro que susurra desde un origen primigenio.

Comprensión del alma como relatividad especial:
un minuto, un solo segundo de mi plenitud
equivalen a largos milenios de vacío transitorio.



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