lunes, 20 de mayo de 2013

El Silencio. Segunda Parte.



EL SILENCIO




Giorgio de Chirico, La estación de Montparnasse.




 Segunda Parte

Búsqueda, melodía





16





Nadie puede callar para siempre.
Tampoco nadie puede, oscurecida la mirada,
negar siempre esta necesidad que desde un fondo apremia.
Luz al mirar, y al deseo
certeza.
Cualidad.
Belleza.
Quizá todo consista, al final, en buscar.
Y nacer con afán de búsqueda es, al fin, abrirse a lo desconocido.
Y aun ignorando busco, porque sé
que otros encontrarán donde yo abro meras posibilidades
de sentido.
Y pensar, y expresar, cada vez más atónito
una verdad que no es dogmática y por tanto
puede ser cierta o no, según el día.
O según la noche.
Pues esta noche es por fin limpia,
y brilla la luna,
y las estrellas cantan.
Cantan incluso las sombras.
Todo lo que antes callaba, canta.
Quizá baste con escuchar atentamente esa melodía:
y aunque nada oigo aún,
puedo sentirla.
Quizá baste, para mí, esta sencilla búsqueda.





martes, 14 de mayo de 2013

El Silencio, 15.



15


Y sin embargo
también en el silencio se esconde la alegría.
También reír es una forma de callar, y la risa
es siempre segura vía hacia el conocimiento.
Hacia el conocimiento digno,
por supuesto.
Yo no sé mucho acerca de la felicidad,
pero me siento feliz
y esto
lo mejor es no decirlo,
sino sentirlo,
transmitirlo
incluso a través de la tristeza, también de las lágrimas.
Y también del silencio.





jueves, 9 de mayo de 2013

El Silencio, 14.



14


No es tristeza.
Ni soledad.
El silencio es otra cosa.
Mi silencio, por ejemplo,
es clamor de todo lo que callo
y fracaso de cuanto he dicho
a destiempo.
Al fin, es también demostración de lo que ignoro.
Mi silencio es aquí mi cansancio.
Palabras de amor que, ya olvidadas,
que regresan en forma de ausencia
y queman desde el ámbito de lo imposible.
Imposible es mi destino.
Aquel futuro que un día me acariciaba en la mejilla,
aquellos sueños, ritos, oraciones mágicas
que encerradas en ojos de curvado lamento
repetían cantos de ilusión y de esperanza.
¿Adónde fueron?
No lo sé, pero lejos,
tan lejos
como aquel niño que reía a solas, y lloraba.
Ni mi llanto ni mi risa me conmueven.
Y mis palabras, asesinadas en el umbral, ya no mueven a nada.
No es tristeza,
ni siquiera soledad.
Es callar a fuerza de hablar sin alma.






sábado, 4 de mayo de 2013

Story of remoteness, 5.



The sylvan lover



Fumes of burning sweat decaying
centers their destiny in the unequivocal compassion of a bird,
slow innocence, olive-tree kiss, warm body versus another body laying down.
Eternal love of the skin roaring from the inside,
passion in the voice, precipitation of words in a cascade or kiss,
sweet animal, immense profundity which never stops, which ever
has captured the agony of a tongue.
And, in a world among two – a man, a woman –,
in the extraordinary battle fought between sexes
only one winner can remain, one loser.
The flesh is weak:
but the fire is immortal,
fire or impure ash which justifies everything,
the fire and the sword with a body in its silhouette
sharp, as an open fruit shedding its juice.
Kissing without love, without fear, without hope,
wanting victory and loss, rising, falling,
destroying the pulse while plunging to the abyss of the silent scream
that every throat sends when the last ecstasy intensifies.
And then walk away, return each one to the same jungle they came from.
The loneliness will enthuse desire to grow anew within
and soon the lovers will come back, sylvan, to ignore themselves. 






viernes, 3 de mayo de 2013

El Silencio, 13.



13


Él sólo quería ser músico.
Solamente quería escribir música.
Con sus pequeñas manos, de dedos delgados,
solamente quería labrar sobre el papel signos azules
y luego esperar
a que otros elevasen a sonido sus palabras.
Él sólo quería la sutileza del silencio,
el suave alternar de los pequeños matices,
la ligera comprensión del viento que pasa.

Vivió aguardando a que llegase el día,
componiendo canciones,
dibujando cantigas,
almacenando poemas que nadie leía,
que ninguno traía a las palabras,
que nunca venían a la música.

Y él vivía,
escribiendo con sus manos,
soñando con sus dedos,
amando con su risa.





ShareThis