martes, 14 de enero de 2014

El Silencio, 33.



33

Segundo monólogo del funambulista


    Hoy quiero gritar, liberar mi voz
como se libera a un animal,
y dejar que el grito, arrancado desde lo más profundo de mi alma,
se abra paso por mi pecho hasta inundar la estancia.
Quiero oírme, sentirme, dolerme con este canto
que es mi voz y es también la verdad más alta:
estoy vivo, y mientras viva
le seré siempre fiel a mi instinto fundacional.
Y el grito, ya convertido en risa
se extingue dulcemente por el mundo
hasta arrojar su eco al abismo
y extinguirse en un gesto que no es la eternidad,
pero tampoco la muerte.





2 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Permitimos demasiadas veces que la voz se nos atragante e ingerir demasiadas piedras como esas puede dejar tocada la "razón", así que no está de más echar fuera esa lava de vez en cuando para que no nos engulla ella a nosotros.
Saludos afectuosos, David.
Tus letras, como siempre, con fuerte contenido y escritas para la reflexión.
Fina

David Martínez Romero dijo...


Hola, Fina, disculpa la tardanza en mi respuesta: pero quería agradecerte una vez más tu constancia y tus comentarios.

Un abrazo,

David

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