jueves, 6 de marzo de 2014

El Silencio, 34.



34


    Lo que hago ya no importa,
ni que lo haga de esta forma o de aquélla.
Es igual.
Podría salir al frente, aquí mismo,
y arrancarme los ojos delante de cualquiera de vosotros.
Podría tragarme la lengua o abrirme el pecho o destrozarme
la garganta con las uñas, y regar con sangre mi cuerpo, el suelo, la calle.
No importaría.
Daría igual.
Seguiría siendo un grito mudo el que, sostenido luego,
me dedicarían todas las voces juntas,
en respuesta.
Y después del silencio, la nada.
Y después, otra vez como al principio,
todo igual. Todo nada.




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