jueves, 8 de enero de 2015

El Silencio, 41. Diálogo entre la actriz y el director de escena.



41

DIÁLOGO ENTRE LA ACTRIZ Y EL DIRECTOR DE ESCENA


            (Siglos perdidos en el polvoriento almacén de una ciencia y una cultura ya vacías, cansancio en el metal, en las grietas, en la misma piedra. Cansados ojos cruzando las calles atestadas de gente superflua. Un mundo que agoniza, sin saberlo pero sabiéndolo, triste Occidente, cenizas del Imperio Romano, del que ya no queda nada, ni siquiera las ruinas de aquellas almas que otrora se ofrecieran en el altar de las gestas heroicas. Un solo Dios, y bizco, vino a robarnos la felicidad, y hoy ya sólo quedan templos, circos, parlamentos, interminables palacios de congresos, mercados que se extienden replegándose contra el horizonte cegado. Quien cree saber qué es la verdad, ése, menos que nadie lo sabe. Así ha sido siempre. Y así siempre será.
Pero… ¿qué es la verdad?)


La Actriz: –       Tanto mentir me hastía.
                        Si tan sólo de entre este alud de mentiras,
                        como a menudo del cielo atormentado,
                        hubiera de atravesar, desde el espacio,
                        un solo haz de luz profunda…

El Director: –     No tientes al destino.
                        Tu arte es la ficción errabunda.
                        Y todo arte es espacio, y luz.
                        Un solo instante de esta verdad
                        purifica.

La Actriz: –       No todo en el tiempo es limpio.
                        Caen horas como lluvia, y sin embargo
                        ninguno acude a recogerlas con sus manos.

El Director: –     Tu voz debiera ser la mía.
                        Tu aliento, suntuoso y húmedo,
                        debería siempre preceder a las mis palabras.
                        Tu cuerpo es un vehículo, pero tú
                        que vives la mentira
                        tienes sueños de auténtica pureza.
                        No quieras saber por qué,
                        nada hay más incierto,
                        vulgar e impropio
       que las razones, cuando justifican.
                        Los hombres sabios no dudan.
                        Las mujeres prudentes no preguntan.

La Actriz: –       Veo asomar la luna. ¿Es ella
                        el símbolo de alguna cosa que tenga aquí su referencia?

El Director: –    Ella es tu esencia.

La Actriz: –       ¿Lo es? La veo,
                        y no la veo.
                        Más la siento, más me nace que me asoma,
                        más bien crece en mi interior como una inmensa rueda blanca.
                        Al contrario que el santo, santificado diamante
       la verdad no reluce al tallarse:
       cuanto más se trabaja
       más se ensucia.
       Y yo tengo por norma la pulcritud de mi falacia.

El Director: –     ¿No lo ves?
                        Tu arte es una ficción que vaga.
       Tu voz es una melodía que infunde.

       Tu mentira es sólo un instante en esta sombra.





ShareThis