miércoles, 17 de junio de 2015

Erario de luces muertas, 2: El espíritu huésped.




2.

El espíritu huésped




    Vino, hace ya tiempo, a morar en mis huecos,
raros agujeros ocultos a la voluntad.
Él vino, aprovechando mi orgullosa ignorancia, 
a poblar mi alma de tristezas, 
de dolor que no era mío.

    Fue huésped sin designio.
¡Cuán fácilmente pudo alimentarse de mis miedos!
Mi alma fue una estatua caída dentro de sus hondos huecos;
el espíritu, alimaña nostálgica, los inundaba todos ellos.
Una estatua derrumbada, inmóvil,
casi cubierta por el polvo, las hojas, las penas...

    ¡Mis poemas,
qué necios amigos!




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