miércoles, 12 de agosto de 2015

Erario de Luces Muertas, 8.



8.


La indiferente horizontalidad 
del paraguas negro sobre la mesa




    Quiero impregnar de pastel rojo las comisuras del silencio

y borrar la verticalidad de las esquinas
desde que no siento ya resbalarme los colores por el oído.
Todo cuanto aprendí de la luz es mentira,
como es incierto el burdo olor de esa suave melodía eólica
que es voz de un torrente de prisiones diferentes.
Son mis ojos quienes velan por la guitarra amada
ignorando a un tiempo cómo hacerla sonar…
insensible ella como indiferente la horizontalidad
del paraguas negro que duerme sobre la mesa.

    Quiero acabar con la sensación de distancia

en el sucederse de perspectivas inhumanas, negras
porque su tonalidad no prende en la rueda de la providencia.
Todas las miradas confluyen en un mismo sinsentido,
todas las pasiones son siempre estrellas en estado de descomposición
y todo el calor del alma y de la aurora ha oscurecido y está frío.
Los versos son cada vez más largos delfines que se esfuman
en la torpe intención dde alcanzar un horizonte insasible.
Qué cansado es este trabajar por descubrir lo que no puede ser descubierto
y qué estúpido esperar alguna satisfacción por ello.







1 comentario:

Karen Arias dijo...

QUE HERMOSO ES PODER LEERTE Y DESCUBRIRTE UN POQUITO MÁS EN CADA PALABRA QUE ESCRIBES. NO HAY MAYOR SATISFACCIÓN QUE LUCHAR POR ELLO, DATE POR SATISFECHO GUERRERO.

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