miércoles, 11 de marzo de 2015

El Silencio, 44. Los diálogos pugilísticos.


44

LOS DIÁLOGOS PUGILÍSTICOS


            (Al fin, hemos recuperado el derecho a presentar batalla: llega, por tanto, la hora de entrar en combate, de pelear, que es la forma más antigua del conocimiento. Y de la ignorancia: saber, y no saber, a un tiempo. Luchar, a secas,  porque la vida lo manda. Hay quien busca la paz como quien busca una leyenda. Pero quizá la paz es eso que sólo se alcanza cuando no se busca. Quizá la paz es simplemente una falacia. Vil, como toda mentira: VIL, como se diría en números romanos. )


El Borracho: –          La paz es mi lenta bondad de espíritu,
                               es  mi triste, torpe divagar,
                               porque la calma es siempre calma del que ya no lucha
                               y la ausencia de lucha es el morir, como muere
                               el mar cuando se limita.

El Pintor: –               Embriagado estás.
                               Bien, que así sea. Lo necesitarás
                               para emprender con dignidad tu extraordinaria tarea:
                               pues ahora debes recuperar tu sobriedad.

El Borracho: –           Después de tanto tiempo, ni siquiera
                                sabría cómo hacerlo. La noche es lenta
     y mis ojos duelen, duelen
     de haber llorado tanto.
     Hay nubes sujetando la luna,
     y mi mano tiembla,
     tiembla porque tengo miedo,
     tiembla
     porque tengo pena.

El Pintor: –                 Ni todos los romances de este mundo
                                 pueden ya salvarte, escucha:
                                 la lluvia arrecia con voz de música,
                                 arcos de tiempo se quiebran sobre tu espalda,
                                 años y más años que pasan
       dejando tras de sí un rastro de ilusión, de amor, 
       de dolor, de historia.

El Borracho: –             ¿Quién va?
                                  Nadie. Nunca.


El Pintor: –                 Sólo una sombra que aparece, y se desdibuja.





martes, 3 de marzo de 2015

El Silencio, 43. Hablan el poeta y su silencio.




43

HABLAN EL POETA Y SU SILENCIO


            (Preguntas, preguntas, más preguntas. Y sin embargo, todas ellas sin respuesta. ¿Es verdaderamente posible una respuesta? ¿O toda respuesta es en el fondo una pregunta mal formulada? ¿Qué es lo importante? ¿Responder o preguntar? ¿Qué clase de hombre puede aspirar, en absoluto, a la totalidad?)


El Poeta: –       ¿Cuántas veces he morir?

El Silencio: –    Hasta que aprendas a vivir de nuevo.

El Poeta: –       Y al final, ¿qué es lo que habré aprendido?


El Silencio: –    Que todos saben hablar sin decir nada
      pero sólo uno sabe callar diciendo.

El Poeta: –        ¿Y no es acaso ésta la fórmula más terrible para la soledad?
                        ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora?

El Silencio: –     ¿Y tú me lo preguntas?
                        Pero tú mismo eres, aquí,
                        la respuesta:
                        porque tú lo has querido.

El Poeta: –        Lo sé. Porque ahora soy capaz.
                        La totalidad apenas se alcanza cuando,
                        en un momento de lucidez máxima,
                        se advierte en cada cosa su contrario
                        hasta que desaparece el concepto de oposición
                        y se siente así la unidad en la guerra.

El Silencio: –     Hasta que se oye la verdad cuando no es dicha.

El Poeta: –        Ayer creía en lo que era capaz de ver.
                        Hoy ya no creo en nada
                        y sin embargo veo también lo que no veo.

El Silencio: –      Pero aún crees en tu tristeza.

El Poeta: –         Ay, es tan dura esta enseñanza…

El Silencio: –     Y será cada vez más dura
                        hasta que no aprendas también a dar las gracias.

El Poeta: –        Mas yo agradezco, yo siempre
                        doy las gracias.

El Silencio: –     Agradece sin decir nada.
                        Agradece viviendo.
                        Sea tu gratitud eterna.
                        Sólo así donarás agradecimiento
                        y también las gracias te serán dadas.

                        




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