domingo, 28 de junio de 2015

Erario de luces muertas, 5. Sueño cubista con trasfondo sexual.



5.



Sueño cubista con trasfondo sexual




    Imaginé que la noche en cubos verticales
se vertía como un vino espeso y negro,
malagueño, tiznado de rombos musicales
cuyo efecto hacía un solo rostro del rostro decaedro.

    La noche derramada sobre mis manos,
y los edificios, helicoidales como enredaderas,
escalando la belleza del objeto soñado.
Quien yo fui se encontró con el que yo seré
y se amaron sin disimulo
sobre el fuego vacío, la hoguera
prendida por un dios en el océano.,
hasta que el agua y el amor implosionaron
y tuvo lugar el nacimiento de una estrella.

    Ante mí se ocultó una presencia
(no era un cuadrado) a la que nunca pregunté
si era venida para hacerme entrega del descanso eterno.
El sueño, como el odio y la vida,
murió fatalmente,
pero antes del olvido y del polvo
tuve la indómita sensación
de ser yo mismo circunferencia y tiempo,
de estar siendo vigilado desde la negrura
por una mirada femenina e impaciente,
como si triángulo hubiese abierto una herida
entre mis sueños, la existencia y la nada.




jueves, 25 de junio de 2015

Erario de luces muertas, 4. El caminante ha burlado a su sombra.





4.



El caminante ha burlado a su sombra





    Como un mágico e inquietante presagio
que anuncia el final del gran eclipse
ha aparecido, en un recodo del camino,
moribunda, la sombra del que se había perdido.
Apenas si los hombres distinguen ya la silueta del caminante
en la estrecha perspectiva que dibuja la larga senda;
más que verlo, lo intuyen
porque corre el rumor extraño
de que se ha escapado de su laberinto.
Aquí está la prueba, en el mismo recodo
del camino, donde han hallado a su sombra, muerta.
Así es:
el caminante ha burlado a su sombra,
es ya un hombre libre, uno al que muy pronto
los otros hombres dejarán de ver,
cuando toque a su fin el eclipse vital
y la cegadora luz regrese al horizonte en que lo intuyen.





sábado, 20 de junio de 2015

Erario de luces muertas, 3: Lorena.




3.

Lorena




    Un pájaro blanco que ha roto su luto
o un viento sahariano embriznado de intenciones,
no importa cuánto, las rocas sin musgo
habrán de retroceder lucífugas a tu encuentro.

    Siete veces siete noches sin luna,
como siete muertes que han vivido,
pasan desde que el demiúrgico destino
fundió dos deseos en una sola pasión calma
y no hubo negrura más que en los perfiles
de tu rostro dibujado en cada palabra mía.

    Lorena (flor, miel, energía), tu cabello
bien pudiera ser un suave alucinógeno,
como un sueño marmóreo, colosal,
que perfectísimo se derrumba ante sí mismo.

    Sí, sí, eternamente sí a los violentos
arrecifes de cariño y caramelo insípido,
e infinitamente sí a ti, porque te amo
y porque no te amaré jamás hasta que vueles conmigo.





miércoles, 17 de junio de 2015

Erario de luces muertas, 2: El espíritu huésped.




2.

El espíritu huésped




    Vino, hace ya tiempo, a morar en mis huecos,
raros agujeros ocultos a la voluntad.
Él vino, aprovechando mi orgullosa ignorancia, 
a poblar mi alma de tristezas, 
de dolor que no era mío.

    Fue huésped sin designio.
¡Cuán fácilmente pudo alimentarse de mis miedos!
Mi alma fue una estatua caída dentro de sus hondos huecos;
el espíritu, alimaña nostálgica, los inundaba todos ellos.
Una estatua derrumbada, inmóvil,
casi cubierta por el polvo, las hojas, las penas...

    ¡Mis poemas,
qué necios amigos!




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