Donde se anuncia la próxima obra que ha de venir: EXITUS





René Magritte, La puerta



Partida, salida, fin, muerte, acabamiento... es decir

EXITUS



Insisto en permitirme ofrecer aquí un nuevo avance, muestra y anticipo, del libro en el que vengo trabajando desde hace un año, cuyo nombre es Exitus. Siento, presiento que será un libro importante para mí, y aunque le resta tiempo para llegar a su conclusión, algo (o alguien) clama desde mi interior por anunciar su contenido. Siento, presiento que estoy consiguiendo, cuando menos, dar salida a mis pensamientos más originarios a través de la transformación y adaptación del camino que he escogido para cumplir mi aspiración al conocimiento: la Poesía.

La pieza que aquí expongo es, precisamente, parte del comienzo de mi nuevo libro (tras él, resta aún perfilar un finale energico a modo de epílogo que requiere todavía de trabajo y paciencia): ¿por qué dar publicidad al inicio de lo que aún no tiene límite? Porque lo importante de esta obra sigue siendo el proceso. Llegar hasta aquí ha significado, creedme, un acierto. No dejo de preguntarme, sorprendido, cómo es aún posible la poesía en este mundo nuestro.

Inspirado en formas y contenidos de la poesía surrealista y la filosofía del siglo XX, este poema se compone de sentimiento, emoción e intelecto, y solamente de esto. Su juego verbal es elegíaco y sin embargo propone entusiasmo . Así, ofrezco este poema inusitado a quien tenga el interés y la oportunidad de leerlo. No dejéis que Exitus quede mudo en el aislamiento: los problemas aquí planteados, claman por ser leídos y comentados. Acaso siéndolo, resulten no ser tales, ni para tanto, y por ello mismo devengan ejemplares.





15.

Hacia la soledad


Raro y dulce, este saber que se despliega
y como viento pasa llevándose mi espíritu
que con él retorna habiendo sido, y siendo.
Otro soy, y nunca el mismo, pero siempre igual
en esta mi dialéctica silenciosa que una y otra vez conduce
hacia la soledad.
Dicen que solos venimos al mundo
pero no es verdad.
Ya el instante de la concepción es encuentro
y unión de dos, y compañía
de lo plural que en uno se repliega y gesta
y en la otredad llega a sí mismo.
El otro es el mundo, y en el mundo es otro.
Mas ¿quién es este otro
que soy yo, y vive conmigo
sin ser yo ni estar siempre presente?
Y a menudo, me suplanta,
existe cuando no lo sé, y sabiéndolo
desaparece.
Quizá el conocimiento absoluto es la soledad,
como es silencio el discurso absolvente.
¿Y la angustia, y la tristeza?
¿Pueden, en efecto, volatilizarse así
en este reconocimiento de una soledad imposible
que es posible, sin embargo, y se hace carne
además de espíritu,
y tiene mi nombre, y mi rostro y el color de mi voz
sin ser yo mismo, porque siéndolo
lo es y no lo es a un tiempo?
Dicen que pienso demasiado,
y mientras hablan los miro
y viéndolos
en verdad oigo algo muy distinto:
“Pasas demasiado tiempo a solas”.
Y les perdono, porque no saben lo que dicen.
No saben que yo no paso el tiempo, lo soy;
no saben que nunca hay soledad demasiada,
como tampoco saben que apenas, en mi soledad,
es cuando soy con ellos.
A su lado, en realidad no existo.
Y mi realidad, que es viento, y devenir
y azar oscuro
se clarifica en medio de mi soledad,
que es centro.
El pensar, cuando es pensamiento efectivo,
posee los rasgos de la divinidad,
cumple los designios de lo sagrado
porque es cima de mi humanidad, y por tanto
culmen de cuanto es humano.
No sé si mi saber es absolvente:
lo que sé, porque lo vivo y siento,
es que me absuelve de mí mismo. 




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